A fines de la década del ’40 el racismo era un tema en Estados Unidos y su influencia estaba presente a todo nivel, incluso en los deportes.

Por eso, cuando el 8 de abril de 1949 se realizó el primer juego entre los Dodgers de Brooklyn y los Atlanta Crackers, en que convivieron jugadores blancos y de color, algo cambió. Y es que, pese a las amenazas del Ku Klux Klan, el juego no se suspendió y Earl Mann, presidente de los Crackers, soportó con entereza la presión para cancelar la serie de tres juegos.

¿Quiénes eran los Crackers y cómo Coca-Cola llegó a tener un equipo de béisbol de las ligas menores americanas? Esta es una historia que comienza a principios del siglo XX, específicamente en 1884, cuando el equipo surgió en una liga menor de béisbol, compuesto por 8 equipos de ciudades sureñas de Estados Unidos, llamada la Asociación del Sur y que operó hasta 1961.

Golpeados por la depresión

Cuando comenzó la Gran Depresión, la desaceleración económica golpeó fuerte al béisbol. En 1929, la situación los Atlanta Crackers no era buena. De hecho, estaban llenos de deudas y, producto de una mala gestión, la institución debió venderse a varios negocios locales, incluyendo a Atlanta Coca-Cola Bottling Company y The Coca-Cola Company.

Como la situación siguió empeorando, Robert Woodruff, presidente de la Compañía, decidió comprar la totalidad del equipo, para mantenerlo en Atlanta. Esto dio pie a que se creara la Corporación de Béisbol de Atlanta, que se formó con el respaldo financiero de Coca-Cola.

Earl Mann, presidente y director general de los Atlanta Crackers.

Después de la compra, el equipo mejoró sus finanzas, pero siguieron perdiendo dinero. La recuperación efectiva sólo comenzó en 1935, con la incorporación de Earl Mann al equipo. Originario de Atlanta, trabajó varios años en el equipo, pero en 1929 partió a hacerse cargo de las divisiones juveniles de los Dodgers de Brooklyn y posteriormente de los Yankees de Nueva York. Cuando regresó a los Crackers tenía 29 años.

En esa época, la mayoría de los equipos de las ligas menores eran independientes y ganaron dinero identificando jugadores talentosos y vendiendo sus contratos a los equipos de las Grandes Ligas. En esto, Mann era un maestro.

Una tarjeta de recuerdo de los Atlanta Crackers.

Fue tal el cariño y pertenencia que logró Earl Mann con los Atlanta Crackers, que previo a esa serie de partidos contra los Dodgers, quizo comprar el equipo y el estadio. Finalmente, y después del éxito de la serie de partidos integrados, Coca-Cola se lo vendió a un precio reducido, dejando el negocio del béisbol para volver a dedicarse a hacer y vender la mejor bebida.