Una historia de superación, celebración de la diversidad y mujeres empoderadas que, gracias a su perseverancia e inteligencia, rompen con los moldes y logran cosas increíbles. La combinación de ingredientes resulta aún más potente porque relata un hecho real: la experiencia de tres mujeres de color, expertas en matemáticas y que en los años 60 fueron reclutadas por el programa de mentes brillantes de la NASA. Su trabajo fue el punto de partida para que Estados Unidos enviaran el primer hombre al espacio.

La historia inspiró el guión de la película “Talentos Ocultos”, que tuvo tres nominaciones al Oscar. Y Coca-Cola tuvo algo que ver en toda esta historia.

Una imagen del archivo de la Agencia Espacial muestra a cuatro personas disfrutando de una bebida durante una pausa en el trabajo. La mujer que aparece a la izquierda de la fotografía con una Coca-Cola en la mano es Dorothy Vaughan, una de las heroínas de la historia.

Inteligente, valiente y pionera

Dorothy Johnson (su apellido de soltera), nació el 20 de septiembre de 1910 en Kansas. Tras obtener su licenciatura en matemáticas, rechazó las sugerencias de sus profesores para profundizar sus estudios y comenzó a trabajar como maestra para ayudar a su familia, que sufría las consecuencias de la gran crisis del ‘29. A los 22 años se casó con Howard S. Vaughan Jr., con quien tuvo cuatro hijos.

Su gran inteligencia y tenacidad la llevarían mucho más lejos: en 1943 fue reclutada para el Centro de Investigación de Langley de la NACA (National Advisory Committee for Aeronautics, luego devenido en NASA), que había comenzado a promover la contratación de mujeres matemáticas capaces de realizar complejas operaciones y ecuaciones. Dorothy, como el resto de mujeres de color, fue ubicada en el ala oeste del edificio, separada del resto de los trabajadores, tal y como dictaban las leyes segregacionistas de la época. 

Se tomó seis años para convertirse en la primera mujer afroamericana en supervisar a un grupo de trabajo, y dos años más para que su rol fuera reconocido oficialmente. “Cambié lo que podía. Lo que no pude, lo soporté”, declaró años más tarde.

Ferviente defensora de su equipo de trabajo, incluso actuó en nombre de otros equipos que merecían promociones o aumentos de sueldo, algo inédito para la época. Sus superiores pedían habitualmente su consejo para seleccionar a los mejores talentos en proyectos específicos y su trabajo en la NASA se mantuvo durante 28 años y se considera el puntapié inicial para lo que después sería el Programa Espacial de Estados Unidos.

Durante esos años además fue testigo de cambios históricos, como el fin de la segregación racial en las oficinas de la Agencia. Y Dorothy no sólo era reconocida por su trabajo, también fue miembro de Alpha Kappa Alpha, una hermandad global de mujeres universitarias de color que, entre los años ‘50 y ‘70 luchó activamente por los derechos civiles.

Se retiró dela agencia en 1971 y murió a los 98 años, en 2008, en un mundo completamente distinto al que la vio nacer: fue protagonista de la carrera espacial, vivió el fin de la segregación racial y fue testigo del avance de las mujeres en el mundo laboral. Una vida que vale la pena celebrar.