Cuando Shirley Hasley se convirtió en modelo publicitario, ya había hecho historia. En 1965, fue contratada como la primera maestra afroamericana en Mill Valley, California, un suburbio predominantemente blanco, donde la emoción del primer trabajo, se empañó muchas veces por una política racial regresiva.

"No fue un momento agradable. Los padres no me querían ahí y protestaban por mi presencia. Claramente no era el tipo de bienvenido que hubiese deseado”, recuerda la propia Hasley, quien asegura que, gracias al apoyo de algunas autoridades y la fuerza de su propia fe, pudo continuar en su trabajo.

Fue en 1966 cuando Coca-Cola llegó a su vida. Y lo hizo de manera totalmente casual. "Estaba cruzando la calle cuando una persona de Relaciones Públicas de la Compañía se me acercó y me dijo que estaban planeando una nueva campaña publicitaria y que quizás podría estar interesada. Me tomó una foto y me preguntó si quería seguir avanzando en el proceso”, dice.

De hecho, Coca-Cola estaba trabajando en una nueva campaña que incluía profesionales afroamericanos: médicos, abogados y… profesores, con la leyenda "¿Las cosas mejoran con Coca-Cola?".

Hasta ese momento, muchos de los primeros anuncios de la bebida con afroamericanos se centraban en héroes deportivos o figuras de entretenimiento. La idea entonces era cambiar a gente común y corriente y mostrar su cotidianeidad. “La intención era bastante obvia: se habían estado haciendo anuncios enfocados en afroamericanos desde 1950, pero esta era la manera de la Compañía de normalizar la raza en América”, explica Ted Ryan, archivista de Coca-Cola.

Hasley recibió pocos días después la llamada que la confirmó como rostro del anuncio. En diciembre de 1966 viajó a Nueva York para la sesión fotográfica. “Estaba muy emocionada. Me alojaron en el Hotel Plaza e hicimos parte del rodaje en Central Park, con caballos”, rememora Shirley.

Las fotos fueron hechas por el famosos fotógrafo Richard Avedon y uno de los escenarios elegidos, además del parque y el lujoso hotel donde se hospedaban, fue una escuela local. Los anuncios aparecieron en el otoño de 1967 en revistas como Ebony y Jet y significaron un cambio radical en la vida de la profesora.

“Aunque tuve ofertas, me desafió a ver lo realmente importante. Su hubiera continuado con los comerciales habría tenido que dejar mi carrera… y me alegra haberme decidido por la enseñanza”. A tal punto llegó su vocación, que hizo clases durante 38 años antes de retirarse. Hace poco más de un año se volvió a casar y, como parte de su Luna de Miel, viajó a Atlanta y visitó el Museo de Coca-Cola. Para su sorpresa, fue reconocida por quienes trabajan ahí, que la invitaron a hacer un recorrido por las distintas muestras.

“En esa época, no pensaba demasiado en lo que significaba ese anuncio, pero ahora es un recuerdo que me enorgullece y me complace ser parte de la historia de las primeras modelos afroamericanas. Me alegro de que esto sea parte de mi memoria y un punto focal de mi vida durante todos estos años”, concluye.