A principios del siglo XX, un sueco llamado Alexander Samuelsson, tomó sus maletas, ideas y proyectos y llegó a Estados Unidos para trabajar en la Root Glass Company, una fábrica de vidrios ubicada en Indiana que le prestaba servicios a Coca-Cola.

En 1915, la empresa participó en un concurso organizado por Coca-Cola para diseñar una nueva botella. La exigencia no era menor: el envase debía ser reconocible en la oscuridad sólo por el tacto e, incluso, rota en pedazos. En ese momento, Samuelsson era Jefe de Taller. Motivado por esta oportunidad, envió a dos de sus compañeros de equipo a la biblioteca local para investigar algunas posibilidades para el diseño. Fue ahí donde se encontraron con la ilustración de una vaina de cacao y se convencieron de que esa debía ser la forma original de la botella.

Después de producir algunas versiones de prueba, el 16 de noviembre de 1915 se patentó el diseño definitivo. Un año después, la peculiar botella de curvas contoneadas de Coca-Cola entró al mercado, y rápidamente se convirtió en un icono reconocido a nivel mundial.

Es tal la importancia de este envase, que el pintor surrealista español Salvador Dalí utilizó la botella en "Poesía de América" ​​en 1943, mientras que el padre del arte pop, Andy Warhol, creó, en 1962, una serie de pinturas de botellas de Coca-Cola.