El cambio climático está aquí. No es una discusión teórica, sino una realidad evidente. La buena noticia es que el mundo está despertando y tomando medidas. El año pasado, representantes de 190 países participaron en una reunión en París, para llegar a un acuerdo sobre las reducciones en las emisiones de carbono (los gases que están cambiando el clima y el tiempo). Este enorme cónclave atrajo el apoyo de líderes políticos y empresariales y, al finalizar, docenas de directores y presidentes de las principales compañías multinacionales firmaron múltiples declaraciones en pro de un sólido acuerdo global. Un total de 188 países se comprometieron a reducir las emisiones, lo que tendrá un enorme impacto en las economías y negocios de todo el mundo.

Muchas empresas grandes también están tomando medidas para reducir su huella de carbono. En la actualidad, la mayoría de las compañías más grandes del mundo tienen objetivos específicos para reducir las emisiones, y más de 50 multinacionales se han comprometido a utilizar 100% energía renovable.

Tres macro tendencias están empujando a las compañías a subirse a bordo del tren de la acción climática y a examinar a fondo su impacto en el mundo: el cambio climático y sus costos económicos; la preocupación por la disponibilidad de recursos en un mundo lleno de gente; y el aumento de la transparencia y las expectativas sobre la apertura de las compañías y sus productos.

Un cambio climático no es bueno para los negocios. Superficialmente, sus efectos podrían aparecer como algo que sólo debe preocuparles a los gobiernos y a los ciudadanos. Pero si se considera lo que significa realmente un clima cambiante, está claro que vivimos en un planeta mucho más caliente. Y no sólo se rompen los termómetros, sino que incluye inundaciones, sequías y tormentas.

Por ejemplo, a fines de noviembre del 2015, la ciudad de Chennai en la India sufrió las peores lluvias e inundaciones en un siglo. El costo humano y económico fue enorme, porque muchas multinacionales tienen fábricas e instalaciones en la región, sus edificios se inundan y no pueden operar. También están las regiones más cálidas, que se están convirtiendo en lugares inhóspitos para los cultivos, porque el aumento de las sequías se convierte rápidamente en una restricción: no hay suficiente agua para cultivar alimentos o fabricar bebidas.

Debido a estas presiones, compañías como Coca-Cola, General Mills y Kellogg’s se han fijado metas agresivas para reducir el carbono no sólo en sus propias operaciones, sino en sus cadenas de valor. Esto significa medir y reducir las emisiones de sus proveedores.

Hoy en día las personas quieren saber más acerca de lo que comen y beben. Pero también quieren hacer que las compañías manejen sus impactos en el mundo, incluyendo su aporte al cambio climático: quieren que los alimentos y otros productos se hagan de forma responsable.

Desafortunadamente, el cambio climático no va a desaparecer pronto, pero tampoco lo hará el impulso global para hacer algo al respecto. Cada día se unen más compañías, pues no tienen otra opción que enfrentar las triples amenazas del clima, los recursos y la transparencia. Pero también están cambiando la forma de hacer negocios.