Cuando la magia que produce una tradición es fuerte y emocionante, sólo queda seguir con ella y consolidarla. Es lo que ocurre con la historia de Papá Noel, Santa Claus, San Nicolás o el Viejito Pascuero tal como se lo conoce en nuestro país porque aquí siempre hemos llamado Pascua a la Navidad.

Si bien se dice que el lugar de origen de este legendario personaje es el Polo Norte, cerca de Groenlandia, todo indica que el comienzo de esta historia tiene relación con una leyenda basada en la vida y milagros de San Nicolás de Mira en el siglo IV, en lo que hoy se conoce como Turquía. Mucho tiempo después, su imagen se inmortalizó en los Estados Unidos, a partir de un dibujo realizado por el caricaturista Thomas Nast, que fue remodelado para una campaña publicitaria de Coca-Cola en 1931. Su ilustración estuvo inspirada en el poema “The Night Before Christmas” de Clement Clarke Moore que decía: “¡Sus ojos, cómo brillaban! ¡Qué alegres eran sus hoyuelos! ¡Sus mejillas eran como rosas, su nariz como una cereza!... ¡Y su barba era blanca como la nieve; tenía una cara ancha y una pequeña panza redonda que se sacudía con su risa, como un tazón lleno de jalea!”.

Entre 1931 y 1964 creó ilustraciones para las campañas de Coca-Cola, donde mostraba a un Viejito Pascuero divertido en diferentes situaciones: visitando a los niños en la Nochebuena, abriendo refrigeradores para satisfacer antojos y posando con juguetes y duendes mientras entregaba regalos.

Desde que se creara la mítica figura del anciano con cara de bonachón, lentes pequeños, espesa barba blanca, ataviado con un pesado e invernal traje rojo y blanco, con gorro del color y botas negras, en todos los países del mundo se ven personajes caracterizados de la misma manera.

Chile sigue esta misma costumbre, a pesar de contabilizar, en promedio, una temperatura que supera los 30° C en diciembre, mes en que comienza el verano a este lado del planeta. Mientras todos hacemos malabares para capear el intenso calor y protegerse de los fuertes rayos del sol, es posible ver en las calles, centros comerciales y lugares públicos a decenas de viejos pascueros vestidos de riguroso invierno.

Ilustración para Coca-Cola publicada en 1937

Para conocer de primera mano su experiencia, conversamos con dos hombres que han caracterizado al tradicional personaje en eventos y fiestas navideñas. Ambos de barba blanca y cara redonda, admiten que, aún sin traje rojo y botas negras, suelen ser abordados en la calle por niños y adultos que les piden regalos y les cuentan que “han sido buenos” y “merecen” el obsequio que tanto desean.

Traje, barba, botas…. Y mucho aire acondicionado

Guillermo Kaempfe, alias “Tío Willie”, tiene 65 años y se calza el traje rojo durante casi todo diciembre desde hace quince años. “Cuando salgo a trabajar vestido de Viejo Pascuero, me subo al auto y pongo el aire acondicionado en un nivel altísimo… llego al evento congelado”. Esta rutina la repite en cada trayecto que realiza. Cuando le toca trabajar en lugares públicos, usa los tiempos de descanso para vestir pantalón corto y polera veraniega.

Una estrategia similar tiene Juan Carlos Bastidas, de 68 años, quien ha sido Viejo Pascuero en comerciales de televisión desde fines de los ´80. Dice que, entre toma y toma, logra sacarse al menos una parte del traje para bajar un poco la temperatura, aunque reconoce que tiene mucho cuidado con que los niños puedan verlo: “Una vez, uno de seis años, que me seguía por todas partes, logró verme sin la chaqueta, y tuve que explicarle que era el ayudante del viejito; al finalizar la grabación, se acercó con su mamá para entregarme una carta donde pedía un barco pirata… Como yo era el Viejo Pascuero, le compré el regalo y se lo entregué a su mamá unos días después. ¡Cómo estaría de feliz ese niño!”.

El “Tío Willie” reconoce que es algo curioso lo que ocurre en diciembre. “Este es un viejo absolutamente querido y, en esta época, se produce algo así como una catarsis”, cuenta, y agrega que “desde el 1 hasta el 24 de diciembre en la noche, soy un viejo querido: me paran en la calle, me piden cosas, me saludan. Pero el 25 en la mañana, ¡vuelvo a ser un viejo cualquiera!”.

Gracias a la magia de la Navidad, durante diciembre, grandes y chicos, gozan de la presencia de cada Viejo Pascuero, ayudante del que habita en el Polo Norte,  y se abren a explorar un mundo de emociones y magia que permite creer que todo es posible.