Desde hace siete años, esta organización ha estado presente en las grandes tragedias que han golpeado a nuestro país. Y rápidamente se ha posicionado como líder gracias a un trabajo que logra coordinar a las organizaciones sociales, la empresa privada y el Gobierno.

El mega incendio de Santa Olga este verano no fue la excepción y hoy nuevamente están cosechando los frutos de un trabajo multisectorial, en que un pueblo completamente devastado empieza a reconstruirse.

El modelo de trabajo de Desafío Levantemos Chile se basa en la colaboración. Creemos que formando alianzas se pueden obtener resultados insospechados y somos muy buenos articulando entre las personas y las distintas entidades y hemos desarrollado un instinto para identificar talentos y capacidad de gestión”, explica Nicolás.

¿Cómo se define cuándo un caso requiere su intervención?

Debe tratarse de un incidente que concite el interés público, que exista un número importante de afectados y que estemos en condiciones de ayudar. Cuando algo así pasa, reunimos a nuestro comité de emergencia y decidimos sobre la marcha, porque tenemos que estar instalados en el lugar dentro de las 24 horas siguientes.

Cada emergencia es distinta, ¿cómo resuelven el plan de acción?

Por eso es tan importante estar en terreno, porque sólo así puedes evaluar las necesidades. Siempre, lo primero que hay que hacer es limpiar escombros y evaluar cuáles son los kits de emergencia que se necesitan. Cada situación es distinta y todas las soluciones deben nacer de la comunidad, porque nosotros no podemos llegar al lugar como unos ‘iluminados’ que vienen desde Santiago a decirles lo que necesitan; creemos en el impulso emprendedor, vemos las soluciones juntos, pero no transamos ciertas cuestiones técnicas.

Nicolás entregando los containers que Coca-Cola y Desafío Levantemos Chile dispusieron en Santa Olga.

DEVASTACIÓN TOTAL

“Desafío Levantemos Chile nace en la emergencia, pero se estructura en tiempos de paz. Tenemos cinco áreas de trabajo: emergencia solidaria, educación, salud, cultura y deportes y emprendimiento. Y es en esos momentos cuando hacemos contacto con las empresas, nos coordinamos y trabajamos en proyectos juntos”, dice Birrell.

¿Cómo fue la emergencia de Santa Olga?

Es la catástrofe más grande en la que hemos estado. Es como si hubieran tirado una bomba, se quemó hasta el pavimento… había que partir desde cero. Y a nosotros nos importa que las comunidades vuelvan a la normalidad lo antes posible, y eso implica que los niños vayan al colegio y sus papás a trabajar. Y lo otro, y quizás lo más importante, es mejorar el estándar de vida que las personas tenían antes de la tragedia. Solo así podemos lograr el cambio cultural, que las comunidades se empoderen, que vivan mejor y que, con un pequeño empujón, pueden salir adelante.

“Una vez que llegamos a Santa Olga, contactamos a la Cámara Chilena de la Construcción, al Ministerio de Obras Públicas y al Serviu y en tiempo récord sacamos los escombros. Después comenzamos a impulsar el emprendimiento, los capacitamos y Coca-Cola Chile entregó almacenes nuevos. En educación, nos propusimos construir el mejor colegio en una zona rural en Chile y para eso, una cosa es levantar la plata y la otra elaborar una malla curricular acorde. Nos interesa hacer proyectos icónicos, como la Villa Sustentable que acabamos de inaugurar en El Progreso- Papalillo y que quedó increíble. No queríamos a los niños sin poder jugar, así que hicimos plazas de juegos y dos canchas de fútbol”, detalla.

Los equipos en terreno tienen mucha autonomía…

Esta es una empresa: somos 64 personas full time, 100 voluntarios permanentes y unos 500 cuando hay emergencias. Cada proyecto tiene un líder con bastante autonomía y empoderado para tomar decisiones. Nuestra máxima es decir qué hay que hacer, pero no cómo hacerlo. Más que una fundación somos una causa, que busca implementar en Chile un modelo de gestión solidario, eficiente, articulado y escalable.

¿Cómo se prepara la salida después de un proyecto de este tipo?

Nos quedamos y acompañamos a las comunidades hasta que nos damos cuenta de que ya están empoderadas como para salir adelante solos. Ellos mismos se dan cuenta, hay un diálogo constante porque los plazos son flexibles.

¿Y el vínculo con las empresas se mantiene?

Sí, estamos siempre conversando. A Coca-Cola Chile, por ejemplo, le presentamos proyectos cercanos a sus áreas de interés y garantizamos que los fondos serán usados íntegramente en eso. Muchas veces Desafío es el vehículo que las empresas estaban buscando para ayudar.