En abril de 2014 nació Canchas Para Chile, una iniciativa de Fundación Mi Parque y Coca-Cola Chile y sus socios embotelladores Coca-Cola Andina y Coca-Cola Embonor que buscaba motivar la vida en comunidad a través del deporte y la instalación de canchas y espacios de esparcimiento a lo largo del país.

Concebido desde sus inicios como un programa en que participaron el sector público, a través de los municipios, la empresa privada, con Coca-Cola, y la comunidad, encargada de administrar los espacios, la primera de las canchas fue inaugurada en Colina por el mismísimo Pelé, quien destacó el foco de esta iniciativa: crear zonas que lograran la convivencia familiar y comunal en torno a distintas actividades que pudieran desarrollarse en esos espacios.

Hasta septiembre de 2016 entregaron 23 canchas, ocho más de las 15 estipuladas inicialmente. A casi un año de la última entrega, los principales vecinos gestores de las instalaciones en la Región de Valparaíso –que se realizaron en estrecha colaboración con Coca-Cola Embonor y su planta en Viña del Mar–, explican cómo han influido cada uno de estos espacios en la vida comunitaria.  

Refugiados del fuego

El 12 abril de 2014 comenzó en Valparaíso uno de los incendios más catastróficos de la historia del puerto. Las llamas invadieron los cerros y dejaron más de 12.000 damnificados. El Complejo Recreativo Hugo Estay del Cerro Merced, hasta ese momento una cancha de cerámica que reunía a los vecinos, se transformó en un importante centro de acopio donde la organización y la eficiencia reinaron durante un mes. Así lo relata Eduardo Hidalgo, principal gestor de este complejo deportivo, quien recuerda que en abril de 2016 la cancha fue restaurada por Fundación Mi Parque y Coca-Cola. Se quitó la cerámica y se instalaron 210 metros cuadrados de pasto sintético, además de seis focos de iluminación. “Nos dijeron que nos merecíamos una cancha nueva por la historia del lugar”, recuerda.

Estas restauraciones devolvieron a los vecinos las ganas de visitar el lugar. “La gente lo perdió todo en el incendio. Todos comenzaron a resolver sus conflictos, a restaurar sus viviendas, a recuperar sus cosas. Con esta cancha, retomamos las actividades y la gente volvió a salir”, dice Eduardo.

Hoy, en el complejo no sólo se juega fútbol; el Día de la Madre, por ejemplo, se celebró con artistas invitados, y también se dan clases de baile entretenido. Las puertas del club están abiertas desde las nueve de la mañana hasta las cuatro de la tarde de forma gratuita.

Eduardo Hidalgo del Complejo recreativo Hugo Estay.

Fútbol con vista al mar

“Hace 30 años éramos todos buenos para la música mexicana. De ahí yo creo que viene el nombre”, explica Bernardo Moncada, pastor y Secretario del Club Deportivo Nueva México.

Durante la década del ´90, él postulaba constantemente a proyectos que mejoraran el terreno donde hoy se encuentra la cancha. “Esto era una quebrada. Hicimos una muralla de ladrillos que duró poco porque cuando llovía toda el agua se aposaba y, finalmente, terminó desmoronándola. Además, afectaba a los vecinos de abajo, que recibían el barro”, recuerda. Cambiar el uso de suelo fue otro dolor de cabeza, “ya que estaba establecido como plaza, pero jamás se plantó un árbol”.

Fundación Mi Parque y Coca-Cola llegaron a la región para proponer el proyecto Canchas para Chile y el alcalde de ese momento no dudó en proponérselo a los vecinos del Cerro Cordillera. Así, el 22 de septiembre de 2016, el Complejo Recreativo Nueva México se convirtió en la cancha número 23 –la última– entregada. La municipalidad hizo el muro, que después fue pintado por un equipo de muralistas de la ciudad, y la cancha demoró alrededor de un mes en construirse. ¿Su principal característica? La hermosa vista a todo el puerto. “Hoy tenemos un espacio seguro y elegante. Para mí, esta es la cancha número uno”, dice Bernardo.

Bernardo Mondaca, Secretario del Club Deportivo Nuevo México.

Cancha, ajedrez y ping pong

“Acá entrenan dos escuelas de fútbol: Los Fantasmas y la Escuela Cardenal Samoré”, cuenta Cristián Pizarro, Director de la Junta de Vecinos y administrador del Complejo Recreativo Don Mario de los Chañares en Placilla. Esta cancha, entregada en mayo de 2016, no solo sirve para jugar fútbol. Al ser un espacio amplio y abierto, también se entregó con una mesa de ping pong, un tablero de ajedrez, juegos, máquinas de deporte y un colorido mural que pintaron voluntarios y vecinos del sector.

“Esto era una cancha de tierra, sin cercos, sin nada. Podías encontrar botellas de alcohol  y restos de droga, pero hoy todo se reguló y la gente viene en familia a jugar ping pong. Se rescató un espacio que pensábamos perdido”, dice Cristián. Para septiembre, los vecinos esperan que se use también para realizar actividades circenses y baile entretenido. Para regular el acceso y evitar que esta sea ocupada por personas que no la cuidan de manera adecuada, se estableció que los días jueves su uso sea gratuito; el resto de la semana se debe pagar 12.000 pesos por hora. “A los vecinos les encanta venir a ver jugar a los niños, les produce felicidad. Incluso, ya se han ofrecido para arbitrar partidos”, asegura Cristián.

Cristián Pizarro, Director de la Junta de Vecinos y administrador del complejo recreativo.

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