La ocasión lo ameritaba. Por primera vez la selección llegaba a disputar este torneo de fútbol que reunía a los campeones de los cinco continentes.

Con las medallas de bicampeones de América más puesta que nunca, la idea de hacer el primer viaje “de avanzada” al país sede del próximo mundial, también entusiasmó a cientos de chilenos, que se armaron de banderas y camisetas y comenzaron a teñir de rojo las calles de Moscú, Kazán y San Petersburgo.

Y Coca-Cola no quiso quedar fuera de este evento deportivo. En un viaje largo e intenso, asociados de la Compañía llegaron hasta Moscú para asistir junto a un grupo de invitados al encuentro entre Chile y Australia, el domingo 25 de junio.

Rodrigo Ballesteros, Gerente del Grupo G&N –que dirige en nuestro país las franquicias de Doggi’s, Mamut, Juan Maestro y Bob’s– fue uno de los asistentes al viaje, que comenzó con un largo vuelo Santiago-Buenos Aires-Ámsterdam-Moscú y siguió con una apretada agenda de actividades.

“Nosotros llevamos más de 20 años trabajando con Coca-Cola, pero es la primera vez que yo viajo con ellos. Éramos como quince personas, y aunque las expectativas de asistir a un partido de este tipo eran altas, igual a uno le preocupa al principio la heterogeneidad del grupo… pero al final resultó ser un grupo súper afín, todos de edades similares, con amigos en común y muchos temas que conversar”, explica.

Durante tres días en la capital rusa, el grupo completó una intensa agenda y recorrió importantes sitios turísticos, históricos y culturales. “Estuvimos en el Kremlin, en un centro aeroespacial y bajamos 18 pisos a un bunker anti nuclear. Al final uno lo agradece, porque son lugares que quizás nunca más vas a visitar, sobre todo porque en Coca-Cola se prepararon de ir un poco más allá con estos recorridos, pudimos entrar al Kremlin, por ejemplo, y un grupo de nosotros puedo probarse trajes de cosmonautas rusos, que son cosas que no todos los turistas puedes hacer”, dice Rodrigo.

Aunque el partido que presenciaron no fue el más emocionante de la Roja, Rodrigo dice que todo se compensa con la experiencia de ir al estadio, cantar el himno nacional en un país tan lejano y gritar un gol junto a miles de chilenos. “Lo que más rescato es el valor que te entrega una experiencia como esta: convivir con la diferencia. Éramos miles de chilenos, todos distintos, con variados orígenes y realidades, pero ahí nada de eso importa. Por lo mismo, la experiencia al final es más fuerte que el partido”, reflexiona.

¿Anécdotas? Muchas… desde bajar y subir a pie los 18 pisos del bunker, hasta el cambio que hubo que hacer al momento de calzarse el traje de cosmonauta, porque el invitado que inicialmente había sido seleccionado para ponérselo era muy alto y el uniforme le quedaba pequeñísimo… “Fue muy entretenido, pero las anécdotas buenas buenas, quedan guardadas sólo para los que estuvimos ahí”, sonríe Rodrigo.