Sergio Oyarzún viste la camiseta número uno. A los 16 años, es el flamante arquero del equipo del Liceo Carlos Ibáñez del Campo de Fresia, campeón de la Copa Coca-Cola 2016. Gracias a su desempeño en el torneo, fue llamado por el Club Universidad de Chile, luego que un veedor del equipo captara su talento.

“Mis compañeros me felicitaron y me aconsejaron que diera lo mejor. Ellos saben lo que entrego en cada partido y en cada entrenamiento”, dijo el joven. Su amor por el fútbol comenzó cuando tenía ocho años; por entonces jugaba como central. Hace cuatro años, en un partido donde faltó el arquero, le pidieron que fuera el reemplazo. Desde entonces no se despega de la portería.

Un gran día para crecer

En la comuna de La Cisterna, está el Centro Deportivo Azul (CDA), lugar de encuentro de los campeones Sudamericanos de 2011. Gimnasios, una moderna sala de prensa, otras de descanso, piscina para hidroterapia y canchas de fútbol, entre otras instalaciones, conforman este recinto al que Oyarzún llegó para demostrar sus habilidades como arquero frente a los expertos. En plena tarde y con un sol abrasador que marca 33 grados, el sureño practica al borde de la cancha junto a otros cinco jóvenes que, igual que él, sueñan con ser futbolistas profesionales.

Nervioso y al borde de la cancha, entrega su testimonio en el día más importante de su corta carrera deportiva. Vestido con una polera gris y bermudas azules con la clásica y roja letra “U”, mide un metro ochenta, tiene espalda de nadador y piernas larguísimas, que lo benefician para desempañarse bajo los tres palos. A su juicio, las condiciones para un buen arquero son “seguridad, estatura y buen juego con los pies”. Este último, reconoce, es su punto más débil.

“Estoy pensando qué podría estudiar, pero siempre algo relacionado con el fútbol. Quizás meterme a algún instituto deportivo”, comenta. Al preguntarle si se ve como el futuro Johnny Herrera -actual portero de “la U”-, Sergio responde que sí. “Y capaz que mejor que él”, dice con una risa nerviosa.

“¡Dobla las piernas!”, “¿A dónde vas tan apurado?”, “¡Más rápido!”, “¡Salta alto!”, “¡Por ahí está mejor!”, son algunas de las arengas del entrenador quien, durante más de una hora, se dedicó a motivar a estas seis jóvenes promesas.


 

Cada cierto rato, se empapa con agua la cabeza para apaciguar el calor y continuar con el reto. “Que me hayan llamado es una felicidad inmensa. Trataré de hacer lo mejor”, asegura.

A Sergio sólo le queda esperar y seguir trabajando en pos de su carrera. Sabe que esta es sólo una etapa más. Y por lo mismo ya regresó a su natal Fresia, desde donde espera tener noticias para pasar a una segunda etapa en las próximas semanas.

Copa Coca-Cola, un semillero

Sergio es sólo un ejemplo de lo que un torneo de estas características puede generar. La Copa Coca-Cola es el campeonato escolar de fútbol más grande del mundo. Además de Chile, también se juega en Argentina, Colombia, Guatemala, Costa Rica, Honduras, Nicaragua, República Dominicana, México, Panamá, Perú, Venezuela, Estados Unidos y en varios países de Europa y África, sumando un total de 60 naciones y más de un millón de adolescentes, lo que lo transforma en una tremenda instancia de vida en comunidad, además de un enorme semillero de nuevos talentos.


 

La final chilena, se realizó el 27 de noviembre en el Estadio Nacional. En la ocasión, centenares de escolares motivados se mezclaron con autoridades, jugadores famosos y los miembros de ocho equipos de fútbol, provenientes de diferentes regiones del país.


 

Hubo dos definiciones. En la categoría Mujeres, el título fue para el Colegio Palmares Valle de Cóndores de Santiago, que venció en definición a penales al Liceo de Administración y Finanzas de Coquimbo. En los hombres, el equipo del Liceo Carlos Ibáñez del Campo de Fresia ganó por un gol a cero al Colegio Deportivo de Iquique.

De esta forma, la Copa Coca-Cola se consagra como una actividad juvenil que descubre talentos y entrega posibilidades de triunfar en el ámbito deportivo a niños y niñas de diferentes edades. Uno de ellos fue Sergio Oyarzún.