De un tiempo a esta parte, una nueva palabra, concepto y práctica está dando vueltas. Si hace unos años nadie había escuchado hablar de “mindfulness”, hoy parece un término casi familiar y no es raro conocer a alguien que lo practica. Y lo recomienda.

Bruno Solari es psicólogo y cuando estaba en la universidad cursó un ramo electivo de meditación, que le hizo tanto sentido para el manejo de estrés que comenzó a aplicarlo como práctica privada. En 2010 conoció el Mindfulness y comenzó a trabajar en su aplicación al mundo de los negocios.

¿Pero qué es exactamente el Mindfulness? Es un concepto basado en una antigua técnica de meditación india que consiste en tomar conciencia del momento presente. “Lo defino como la capacidad de estar atento a lo que estoy haciendo mientras lo estoy haciendo. Se trata de salir del modo ‘piloto automático’ y de estar enfocado para percibir y recibir la información de forma consciente y no de memoria”, dice Bruno, quien reconoce que la base de esta práctica está en la meditación, pero que su gran mérito es haber logrado expandirse más allá de lo religioso y llevarla a contextos donde puede ser usada por todos.

Para practicar el Mindfulness existen dos formas: la formal y la informal. Esta última incluye cualquier actividad de la vida cotidiana en que se pueda practicar el estar atento. Para eso, se practican ejercicios como fijarse en cinco cosas en el camino del trabajo a la casa.

“La vida es movimiento y es imposible no distraerse, por lo que es importante entrenar la capacidad de volver al momento presente cuando se está ido, lo que puede llevar a simplificar mucho las cosas. Se busca entrenar el músculo de la atención, y la neurociencia ha demostrado que al hacerlo se generan cambios en el cerebro y se activan funciones cognitivas como atención, foco y regulación emocional”, explica Bruno. No por nada los seguidores de esta técnica aseguran que sus beneficios son enormes, tanto que creen que en el corto plazo debiera transformarse en materia obligada al interior de los colegios

Mindfulness en la organización

Para nadie es una sorpresa que hoy la mirada organizacional está centrada en las personas y, por lo mismo, es importante entregar herramientas para que cada uno pueda gestionarse, alcanzar un equilibrio entre las demandas interiores y las laborales y lograr estabilidad emocional.

“El trabajo es muy demandante psicológicamente y eso implica un gran desafío emocional. Y es ahí donde entra el Mindfulness, que se ofrece como una herramienta para la gestión emocional y para entregar herramientas de valor. Muchos de quienes se han beneficiado reconocen mejoras en temas como reuniones más efectivas o capacidad de darse cuenta cuando necesitan hacer una pausa”, explica Bruno, quien hace tres años está desarrollando estos talleres en Coca-Cola.

Viviana Zambrano, Gerente de Personas de Coca-Cola Chile, ha sido una de las principales impulsoras de esta práctica. “Dentro de nuestra plataforma Wellbeing, específicamente en el eje emocional, comenzamos a buscar una herramienta poderosa para el manejo del estrés, de la ansiedad y que, además, ayudara a los asociados a ser más empáticos y productivos. En esa búsqueda dimos con Mindfulness y empezamos a buscar experiencias en el ámbito organizacional; hicimos un piloto con el equipo completo de Markerting en Chile. Los resultados fueron tan buenos, que ampliamos la posibilidad a todos los empleados en Perú y Chile y ahora estamos disponibles para todos en Sudamérica”, explica.

Dentro de los resultados visibles, Bruno enumera: dormir mejor, conectarse con el equipo, estar menos acelerado. El próximo objetivo es la instalación de un Mindful Team, cuya meta es instalar el tema en la organización sin que dependa de que alguien venga o no a los talleres. “Está integrado por personas que han incorporado esta práctica como un hábito en su vida y la idea es que ellos monitoreen cómo ésta los beneficia en el ámbito profesional y les permite acceder a mayores niveles de creatividad y productividad”, explica Viviana.

La práctica habitual en Coca-Cola se traduce en reuniones de treinta minutos cada quince días. La mitad de la sesión se practica un ejercicio de meditación y el resto del tiempo los asistentes conversan respecto de sus experiencias. “Lo ideal es repetirlo como un hábito –sugiere Bruno–. No se necesita infraestructura. Yo mismo lo practico 25 minutos cada día y es suficiente para poder contar con el recurso cuando se necesite.”.