¿Cómo reproducir los sonidos en una nota escrita? Parece tarea difícil, pero podemos usar la imaginación. Estamos a punto de abrir una botella de bebida: desenroscamos la tapa, y ahí aparece el primer sonido.  Luego, la “partitura” se cumple de manera inexorable: vertemos el contenido de la botella en un vaso –y podríamos saber cuándo ya servimos suficiente sólo guiándonos por el sonido–, esperamos a que la “espumita” baje –mientras escuchamos cómo esto ocurre–, y, finalmente, cuando bebemos, las burbujas chispean en nuestra boca al ritmo de un sonido característico.  

Esa “partitura” es la misma que disfrutaban los emperadores siglos atrás. Sí: las aguas carbonatadas fueron descubiertas en tiempos del Imperio Romano, producidas por la naturaleza gracias a condiciones geológicas particulares. Las “gaseosas romanas” recorrían largas distancias desde las vertientes en botellas selladas, para deleite del emperador y su familia, quienes les atribuían propiedades digestivas. 

Más de 1.500 años después, en el Renacimiento, la ciudad belga de Spa se convirtió en un destino turístico célebre gracias a sus aguas termales minerales. Allí se alentaba a los visitantes a tomar baños de agua carbonatada para beneficiarse de sus propiedades curativas, tratamiento que se convirtió en el favorito de zares y reyes y que se sigue ofreciendo en la actualidad.

A fines del siglo XVIII ya no hizo falta viajar hasta Spa: el científico británico Joseph Priestly inventó un método para "empujar" el dióxido de carbono en el agua, disolviéndolo bajo presión y creando burbujas bastante duraderas. Logró “airear” el agua tal como se hace con la masa del pan, y potenciar su sensación refrescante desde el primer sorbo. 

El éxito rotundo de la fórmula llevó en el siglo XIX a la diversificación de la oferta, con el añadido de jugos de frutas, azúcares y sabores. Nacían así las bebidas gaseosas que hoy conocemos. 

Hoy los fabricantes de bebidas utilizan equipos para empujar dióxido de carbono en el agua. El sabor único y la calidad refrescante de las marcas de Coca-Cola se obtiene gracias al equilibrio de la carbonatación: un lujo de emperadores al alcance de la mano.